Ningún área legal nace siendo estratégica
Cuando una empresa incorpora a su primer abogado, rara vez lo hace porque decidió invertir en una función estratégica. Lo hace porque siente que ya no puede seguir operando sin alguien que se ocupe de los contratos, de las consultas legales, del cumplimiento normativo o de los problemas que empiezan a aparecer a medida que el negocio crece.
Es una decisión lógica. También es el origen de una confusión bastante frecuente.
Muchas organizaciones creen que contratar un abogado equivale a crear un área legal. En realidad, lo único que hicieron fue incorporar una persona. La función todavía no existe.
Construir una función legal implica algo mucho más complejo que responder consultas. Significa diseñar procesos, definir criterios de decisión, establecer prioridades y generar confianza con el resto de la organización. Significa, sobre todo, lograr que el negocio deje de ver al área legal como un lugar al que se envían problemas y empiece a verla como un equipo al que conviene involucrar antes de que esos problemas aparezcan.
Ese cambio no ocurre por decreto. Tampoco depende del organigrama. Se construye todos los días.
En los primeros meses, la tentación suele ser demostrar valor resolviendo la mayor cantidad posible de asuntos. Es comprensible. Cuando uno llega a una organización nueva quiere mostrar resultados rápidos. Sin embargo, responder más rápido no necesariamente significa construir una mejor función legal.
La madurez de un área legal no se mide por la cantidad de asuntos que resuelve, sino por la cantidad de problemas que evita que lleguen a existir.
También descubrí que la confianza se construye mucho antes de emitir una opinión jurídica. Se construye entendiendo cómo funciona el negocio, qué objetivos persigue cada equipo y cuáles son las presiones bajo las que trabajan quienes toman decisiones. Sin ese contexto, incluso el mejor consejo legal corre el riesgo de ser percibido como una opinión técnicamente correcta pero operativamente irrelevante.
Quizás por eso nunca pensé que construir un área legal consistiera solamente en redactar mejores contratos o reducir riesgos. Siempre lo vi como un ejercicio de diseño organizacional. El objetivo no era crear un departamento eficiente. Era ayudar a que toda la organización pudiera tomar mejores decisiones con mayor velocidad y mayor claridad.
Cuando eso ocurre, algo cambia de manera casi imperceptible. El área legal deja de ser el lugar al que llegan los problemas difíciles y empieza a convertirse en un espacio donde las personas buscan conversaciones valiosas antes de decidir.
Y ese, probablemente, sea el momento en que una empresa deja de tener un abogado y empieza a tener una verdadera función legal.